Divulgación y confidencialidad en las invenciones
Ambas constituyen aspectos fundamentales que todo inventor debe gestionar con cuidado desde las primeras fases de desarrollo de una idea innovadora, especialmente cuando se plantea cómo proteger una invención antes de solicitar una patente. Asimismo, es importante tener en cuenta un punto clave: prevenir la divulgación no autorizada no equivale a proteger contra copias o infracciones.
La salvaguarda frente a la divulgación se basa principalmente en medidas de prudencia y sentido común que el propio inventor debe implementar desde el primer momento, especialmente cuando se plantea cómo proteger una invención antes de solicitar una patente. En cambio, la defensa contra posibles infracciones depende del empleo adecuado de instrumentos jurídicos formales (patentes, modelos de utilidad, derechos de diseño, etc.) en el instante oportuno. Por esa razón, las etapas previas de documentación, búsqueda y preparación son esenciales antes de abordar las herramientas de protección más robustas.
Evaluar los riesgos asociados a la divulgación
Compartir detalles de una invención sin contar con la protección jurídica adecuada conlleva riesgos importantes. Entre los más graves se encuentran:
- Que terceros aprovechen el conocimiento compartido para desarrollar soluciones propias o competir directamente, lo que suele traducirse en la pérdida de la ventaja competitiva.
- Que la revelación prematura destruya la novedad requerida para obtener una patente válida en el futuro.
En las etapas iniciales, muchos inventores se enfrentan a un dilema clásico:
- Solicitar una patente demasiado pronto puede ser contraproducente, ya que la idea aún no está suficientemente madura y el momento de presentación es crítico
- Al mismo tiempo, avanzar en el desarrollo, buscar financiación, colaboradores o validación técnica suele requerir compartir al menos parte de la información y una de las exigencias principales para las posibles inversiones de terceros.
Principales categorías de riesgo de divulgación
Los peligros se agrupan en dos grandes ámbitos:
- Divulgaciones en entornos controlados o privados (reuniones uno a uno, conversaciones con posibles socios, asesores, etc.) Este riesgo es manejable aplicando precauciones razonables y sistemáticas.
- Divulgaciones públicas o semipúblicas Aquí los efectos suelen ser irreversibles y menos evidentes al principio. Situaciones especialmente delicadas incluyen:
- Participación en concursos de inventos, ferias, campañas de crowdfunding o apariciones en medios de comunicación (entrevistas, artículos, redes sociales). Estas actividades pueden ser muy valiosas después de haber asegurado la protección legal, pero representan un peligro grave antes.
- Proyectos realizados en el ámbito académico o universitario, sobre todo cuando existe obligación de presentar el trabajo públicamente (defensa de TFG/TFM, publicaciones, exposiciones). Con frecuencia, profesores y evaluadores desconocen que cualquier exhibición pública constituye una divulgación que puede destruir la patentabilidad en muchas jurisdicciones (especialmente en Europa, donde el plazo de gracia es muy limitado o inexistente en la mayoría de casos, a diferencia del año que ofrece Estados Unidos).
¿A quién se puede revelar información con mayor seguridad?
Existen profesionales y entidades cuya actividad está regulada por normas que les obligan a guardar secreto:
- Agentes de patentes y abogados especializados en propiedad industrial.
- Funcionarios de la Oficina Europea de Patentes (EPO), oficinas nacionales de patentes y asesores tecnológicos o de innovación financiados públicamente.
- Personal sujeto a secreto profesional o códigos deontológicos estrictos.
En todos los demás casos —y especialmente al tratar con empresas, potenciales inversores, fabricantes o colaboradores técnicos— no se debe revelar nada sustancial sin al menos:
- a) Un acuerdo de confidencialidad (NDA o contrato de no divulgación) firmado por ambas partes.
- b) Alguna protección automática ya vigente (derechos de autor sobre planos, descripciones o software; derechos de diseño no registrados en la UE, etc.).
Estrategia práctica y equilibrada para divulgar con prudencia
Evite dos extremos contraproducentes:
- El secretismo absoluto que impide cualquier avance o ayuda externa.
- La exigencia de pago previo o condiciones excesivamente rígidas antes de compartir siquiera una visión general
En su lugar, adopte un enfoque progresivo y profesional:
- Antes de cualquier conversación con quien no esté automáticamente obligado al secreto, defina con precisión qué puede decirse sin revelar el núcleo innovador. Ejemplo: es relativamente seguro indicar el campo y el propósito general («se trata de un nuevo sistema de cierre para envases que reduce el desperdicio»), pero peligroso explicar el mecanismo técnico que lo hace diferente.
- Centre la conversación en los beneficios y ventajas competitivas más que en los detalles técnicos: «reduce costes en un 40 %», «aumenta la durabilidad», «mejora significativamente la usabilidad», etc.
- Sea cortés pero decidido al establecer límites. Si la otra parte pide más información técnica, proponga firmar un NDA antes de continuar. Si se niega, es preferible retirarse de la conversación.
- Aun contando con un NDA firmado, revele lo mínimo indispensable, especialmente cuando hable con expertos del mismo sector. A veces, con uno o dos detalles clave, un profesional puede reconstruir la esencia de la innovación.
Mantener un equilibrio entre apertura selectiva y protección , resulta esencial para transformar una buena idea en una invención protegida y viable comercialmente.
Amelia Fernández



